"El día que llegue la calma y se toque fondo, se debe aprovechar el sobre
diagnóstico de todos los problemas del Departamento. En materia de
infraestructura hay un mar de oportunidades para cambiarle la cara a esta
tierra."
“Después
de la tormenta, siempre llega la calma”, reza el dicho popular, indicado que
detrás de una gran crisis, siempre llega un momento de tranquilidad, momento
este, donde se puede reconstruir la vida y corregir los errores que dieron
nacimiento a la tormenta. Durante el momento más difícil de la tormenta son
muchas las consecuencias que se viven, en su mayoría son negativas, pero si se
miran con calma en su mayoría pueden ser convertidas en una gran oportunidad.
El
Coronavirus, pandemia que afecta a la mayoría de países del mundo, debe ser
vista en el departamento de La Guajira como una gran oportunidad y tratar de
voltear la mirada del país a este territorio. A pesar de ser uno menos
perjudicados por el virus en el país, el sector de la salud, puede ser el más
perjudicado o uno de los más favorecido después de la cuarentena.
Si
los ciudadanos cumplimos con los protocolos establecidos y no se incrementan
los casos de infectados, el departamento saldrá de la crisis con un sistema de
salud fortalecido. Según el Gobierno Nacional se van a incrementar los gastos y
se llegó al punto de poner sobre la mesa acabar la intervención en salud que
tiene el departamento por parte de la nación. Por otro lado, el superintendente
de salud, comentó que existe la posibilidad de dejar en completo funcionamiento
el Hospital San José de Maicao, que viene con problemas ya hace varios años,
¡amanecerá y veremos!
Pero,
así como se ve perjudicado en sector salud, todos los sectores que componen la
economía del departamento, también se ven y se verán fuertemente perjudicados
por esta situación, y los efectos están lejos de mostrar sus resultados
positivos, esto desafortunadamente porque los problemas
que vive el departamento de La Guajira tienen múltiples causas, está
engendrados en múltiples sectores, como también tiene múltiples dimensiones. La
Crisis actual, no solo es causada por el COVID–19, es entre otras cosas, es una
sumatoria que incluye la pandemia. El departamento viene con problemas
estructurales que se juntan con la acumulación histórica de abandono estatal, de
inequidades, corrupción y una falta de visión sobre el desarrollo del
departamento.
Pero la situación del departamento no
siempre ha sido así, si analizamos de dónde venimos, Riohacha, la actual
capital del departamento de La Guajira, durante gran parte del siglo XIX y
mediados del siglo XX, fue una ciudad grandiosa y de elemental importancia para
la departamentalización de la Magdalena Grande. Era un puerto estratégico para
la comercialización de bienes y personas entre las islas del Caribe, Estados
Unidos de América y Europa.
Todo tipo de mercaderías salían y entraban
del puerto de Riohacha, por su alta producción de Perlas era uno de los
principales elementos de comercio, a vuelta de estas una gran cantidad de
mercancías entraban para abastecer las necesidades de la naciente y distinguida
población guajira. Ingresaron por estas tierras, alemanes, libaneses, italianos
y franceses.
Hoy, con el pasar de los siglos y
con la Magdalena Grande disuelta, el departamento de La Guajira se hizo, con su
nombre femenino, una bella mujer, que sigue aún con su útero lleno de riquezas,
siendo igual de estratégica y mega diversa, llena de potencialidades y
esperanzas, pero sumida en la pobreza debido a la debilidad administrativa, que
junto al abandono del Estado, han condenado al Departamento a ser uno de los
lugares donde la pobreza parece reproducirse. Riohacha su capital, pasó a ser
una de las ciudades menos apetecidas en el Caribe y su puerto, del cual pocos
conocen su historia, hoy no tiene ninguna representatividad que mostrar.
La infraestructura vial, al igual que el
puerto de Riohacha, es un total fracaso. Transitar por la carretera que recorre
todos los municipios desde La Jagua del Pilar, pasando por Urumita, Villanueva,
San Juan del Cesar, siguiendo por Fonseca, Hatonuevo y terminado en Riohacha, aunque
ha tenido algunas reparaciones, no deja de ser. Conductores expertos e
incluso el autor, se atreven a decir que hay más de 10 millones de huecos de
todos los tamaños.
El día que llegue la calma y se toque
fondo, se debe aprovechar el sobre diagnóstico de todos los problemas del
Departamento. En materia de infraestructura hay un mar de oportunidades para
cambiarle la cara a esta tierra ¿sería una locura pensarse un sistema de
transporte a base de rieles para movilizar los habitantes que hay entre el sur
y centro con Riohacha? Y si además de eso ¿el departamento piensa en crear un
puerto de importancia en el Caribe para Riohacha como en los siglos pasados?
¿Por qué no pensar en un proyecto financiable entre varios departamentos para
unir al Cesar y los Santanderes con el mar?
¡No es una locura! como lo describe la
señora Hilda Lubo Gutiérrez, en su libro de Crónicas Riohacha 473 Años, en el
capítulo, Riohacha: la de ayer la de hoy, página 107, se indica que ya existía
a finales del siglo XIX y principio del siglo XX la idea de construir un
sistema de transporte de mercancías y pasajeros, donde lo fundamental era un
sistema de ferrocarriles entre Valledupar y Riohacha. Se había logrado
(describe la autora) la concesión entre Barrancas y Riohacha en el año 1882 y
no se construyó por falta de recursos.
La construcción de un tren que parece
ser una conclusión simple y lógica, llena de sentido común, que buscó conectar
las mercancías y productos agrícolas de la Provincia de Padilla con el mar. Y
no era cualquier mar, eran y siguen siendo hoy, de los principales corredores
del comercio en el Atlántico próximo a las costas de Riohacha, y siendo
Riohacha, por esta época un punto de referencia y de importancia estratégica para el país.
No son fórmulas mágicas, pero si pueden
ser claves para desarrollar el departamento de La Guajira, la construcción de
este tipo de proyectos, le puede cambiar la cara a este territorio, dinamizando
todo. Pensar en una opción donde el trabajo y el conocimiento sean la fuerza de
desarrollo y empezar a olvidarnos de la explotación de materiales mineros energéticos. Pensémonos el
departamento, tenemos grandes cosas que ofrecer al mundo ¿seremos capaces de
unir la academia, la industria, la sociedad civil y los políticos para embarcar
esta idea en los rieles de un tren?
José Armando Olmedo Avila
UN Economista.





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