"A mí me criaron fue con leche compra’, no leche regala’, me tocó corretear bastante y come' buena malanga con suero en la finca de mi papá allá en la sierra. Por último hijo, no me vuelvas a decir viejo, yo lo que estoy es un poquito cambiado, pero sigo siendo el mismo".
Un freno en seco de la ruta de
transporte. El señor Fransico es detenido por su nieto de tener una gran caída en
el pasillo del bus. Oiga papá ¡yo a usted cada día lo veo más viejo!
¿Qué le pasa? Casi se cae – le dijo su nieto – cójase duro o ya no puede –
replicó el joven muchacho en medio de una carcajada.
El viejo Francisco un hombre caribeño, bien
parecido, usaba pantalones muy bien planchados, saco, corbata y un sombrero que
mejoraba su apariencia. Gafas de contacto a la moda como los músicos de jazz
en los años 50. Un tipo con una elegancia que impresionaba a cualquiera.
¡Ay hijo, lo años no vienen solos! te
lo digo porque lo viví -replicó el viejo-. Aunque no existan muchas fotos yo también tuve tu edad.
Ay, qué lindos años. Cuanto los añoro.
Yo también fui fuerte y elástico, ya han pasado varios años desde que tuve la oportunidad de decirle lo mismo a mi abuelo: "oiga
vieja guardia, cada día lo veo más viejo" - recordó Francisco - pareciera que la
historia se repite contigo. Hijo la verdad, nunca pensé que llegaría a esta edad.
A nosotros los franciscanos, como me dijo mi abuelo "es difícil que nos acabe el tiempo, somos unos hombres longevos". Imagínate, que mi abuelo me contó que, su bisabuelo Francisco Primero se murió de 101
años. Su papá José Francisco Primero, se murió de 98. Mi abuelo, Francisco Segundo,
alcanzó a cumplir 99 años y 336 días, solo le faltó un mes para los 100 años. Mi
papá José Francisco segundo, o sea tu bisabuelo, hoy tiene 85 años, ¡cojé por ahí! -siguió hablando el viejo- Yo aún tengo
65, eso quiere decir que no debo perder las esperanzas de llegar a los 100. Yo nunca
me enfermo, tu lo sabes, hoy que voy al médico a que me mire el ojo y la
presión, pero de resto ¡estoy es al pelo!
Te cuento hijo, que aún siento y me
siento. No tengo la vigorosidad de mis años juveniles, pero aún vuelo, aún
corro, aún miro, mi mente y mis sentidos no se detienen. Puedo escribir con
perfección y a cualquier joven intrépido, que se sienta muy avispao' lo puedo
hacer pasar su mal rato.
Ya casi cumplo 66 años, pero han sido
bien vividos, si muero ahora voy tranquilo, pero si no, tendrán Francisco por
muchos años más, bebiendo y contando historias y en eso soy un experto. Así como
estoy, no tengo que ayudarme con nada. Estos pelaos de ahora, tienen que
ayudarse con todo, si van a beber andan con un polvo blanco entre las manos, "ique", para que no los deje emborrachar ¡uno bebe’ es pa’ emborracharse andan
con esa pendeja’ del que aguante mas! Y pa' remate ¡si van a esta' con una muje' se tienen
que compra antes una pastillita azul, no sé porque usan esa marica’! tienen que
comer es buena yuca con suero y dejar de andar comiendo tanta salchipapa y pendeja' de esas, ¡pero bueno, eso lo que hace la modernidad!
Cada día ves más viejo mi cuerpo,
pero es más importante lo que no puedes ver, que no te deslumbren las
apariencias, que no te deslumbren nunca
hijo. No le vayas a contar esto a tu abuela, yo estoy viejo pero no incompleto. Aquí donde me vez, a mí aún me
buscan las hembras, y no vayas a creer que son viejas como yo, muchas son cuarentonas, con las que muchos muchachos jóvenes no pueden. Incluso hijo,
otras de 30 hasta algunas de 20, 15 y hasta de 14, me quitan platica, ellas también
se merecen su bendición, pero, no es como me vea hijo, es lo que sé hacer, que
no lo soluciona ni el polvo blanco, ni la pastilla azul.
A mí me criaron fue con leche compra',
no leche regala', me tocó corretear bastante y come' buena malanga con suero en
la finca de mi papá allá en la sierra. Por último hijo, no me vuelvas a
decir viejo, yo lo que estoy es un poquito cambiado, pero sigo siendo el
mismo.





.png)

0 comentarios:
Publicar un comentario