domingo, 9 de septiembre de 2018

EMPANADAS A MIL PESOS




"se arrodilló junto a él y le dio un abrazó que jamás habían sentido. Lo cogió con tanta fuerza que, pudo sentir el latido de su corazón. Se pusieron de pie, la caja de las empanadas colgaba en su espalda y él volvió a preguntar ¿qué te pasó?"

¡Empanada a mil! ¡empanadas a mil!

¡Ricas y deliciosas empanadas a solo mil pesos!

¡Ricas y deliciosas empanadas venezolanas a mil!

¡Llévate la tuya por solo mil pesitos!

-Gritaba María en una de las calles del centro de Bogotá- era una voz que contagiaba alegría y de esperanza, a la que todo el mundo esperaba atento escuchar.

¡Lleva 6 por solo 5 mil!

¡5 mil pesitos que no empobrecen ni hacen rico a nadie!

-Gritaba su esposo Nelson, con desespero- chama, solo hemos vendido 8 mil pesos, eso no nos alcanza ni para el pago de la habitación- dijo Nelson- no quiero que volvamos a dormir en la misma casa de anoche. Había un olor fuerte a marihuana y esta mañana, la señora de la casa dijo que, a un señor lo apuñalaron por robarle su celular.

No te desesperes mi amor -replicó María- ¡te aseguro que hoy vamos a vender todo y volveremos por más! aquí todos nos conocen, les gustan nuestras empanadas y ahora que tengan hambre, seguro que venderemos hasta las servilletas.

-No aguanto más -dijo Nelson- cambiemos de puesto- vayámonos para la Plaza de Bolívar, seguro allá tendremos mejor suerte -fue su propuesta-.

¡Cálmate gordito! la mañana apenas empieza, son 8:00, ya lo veras, ahora venderemos mas y nos sobrará hasta para comprar un rico almuerzo de esos que venden en los restaurantes finos de la 7ma.

¡Váyanse a su país migrantes de mierda!

¡No jodan más a Colombia!

¡Solo vienen es a robar y a vender sus cuerpos, no los quiero ver mas por aquí, la próxima vez los mató!

Fuertes amenazas hecha por un borracho que días anteriores había pedido empanas y no pagó la cuenta. -otra vez aparece a molestarnos- dijo Nelson. Era el señor Peter, todos en la zona lo conocen por sus malos tragos y no era la primera vez que los amenazaba de muerte. Igual, tampoco era él la primera persona que les hacía esta clase de amenazas, era algo a lo que ya se habían acostumbrado.

Fue esta bulla la que convenció a María para cambiar de puesto de trabajo. Amor vayámonos, busquemos en la plaza mejor suerte -dijo- ya me cansó ese borracho-. 

Gracias por estar a mi lado, no sé qué haría sin ti -dijo Nelson- me voy adelante a buscar el mejor puesto, sigue caminado, lleva la cajita de las empanadas y ve vendiendo lo que puedas-.

¡Bueno mi amor! no te preocupes -respondió ella-.

No habían pasado 100 metros, cuando María quedó inmóvil frente a los vidrios brillantes de un almacén. Había todo tipo de ropas, unas más grandes, bonitas y costosas que otras, pero sus ojos se perdieron en un barato y sencillo vestido. Para ella brillaba al fondo de la tienda, traía un collar de perlas y un lazo rosado en la mitad.

Bienvenida, querida María, escuchó una voz que la invitaba a entrar. Muchas gracias señora Nancy, tranquila, solo estoy viendo -respondió-. No te preocupes, mirar no es comprar -Nancy comentó-.

Con las piernas temblorosas entró, tocó el vestido, cogió la tela con sus manos, la puso en su cara y la primera lagrima salió, cayó en el vestido. Sin dar gracias a la vendedora, salió en búsqueda de su esposo. Quedó de pie unos minutos, inanimada, la confusión se apoderó de su ser, no era capaz de continuar, no era capaz de caminar mas.

Más de 20 minutos habían pasado, ya Nelson la esperaba en el centro de la plaza, en uno de los mejores lugares de Bogotá y estaba justo solo para ellos. Él se alertó y se preocupó, ella no tenía celular para comunicarse, esto hacia más desesperante su situación. ¿Qué le habrá pasado? ¿por qué no llega? ¿son menos de 5 minutos hasta aquí? -pensó- la voy a buscar.

Nelson caminaba, buscaba y miraba para todos los lados y no la encontraba ¿para donde habrá cogido? ¿Peter la habrá golpeado? ¿la habrán violado? -en unos segundos su mente pensó lo peor- ¿Dónde está? Recorrió el camino por donde la había dejado de arriba abajo, preguntó en los almacenes y no la habían visto pasar. Ya la cantidad de gentes caminando era tal, que el transito se hacía difícil.

La alcanzó a ver en medio de la multitud, la encontró en frente de la tienda donde ella había entrado. Sentada en un bordillo, con la cabeza entre las piernas y sobre la caja de las empanadas, vio como la tapa estaba mojada, llena de lágrimas.

¿Qué pasó mi amor? ¿te robaron? ¿te hicieron daño? ¡háblame! ¿Qué te hicieron? ¿Fue el viejo Peter? ¡viejo maldito! ¿Qué te pasó? -pregunto Nelson desesperado-

Al escuchar su voz, levantó la cabeza, con los ojos rojos y llenos de lágrimas, se arrodilló junto a él y le dio un abrazó que jamás habían sentido. Lo cogió con tanta fuerza que, pudo sentir el latido de su corazón. Se pusieron de pie, la caja de las empanadas colgaba en su espalda y él volvió a preguntar ¿qué te pasó? -Ya tenía el mejor puesto de la plaza, seguro ya lo perdimos

-Nada mi amor-fue su respuesta- Es que vi a nuestra hija, ya hace un año que estamos lejos de ella y ese vestido que está allá, quiero vérselo puesto, quiero que lo use hoy ¡justamente hoy es su cumpleaños! Debe estar más grande, las fotos que tu mamá nos mandó no son muy buena y no hemos hecho el dinero para mandarles, así sea, para que compren una torta y unas velas.

¡Hoy no me importa dormir en el piso, pero hoy mi hija se compra, así sea, un pan y una avena! por ella vamos a trabajar, por ella vamos a luchar y por ella vamos a regresar a nuestro país a haciendo gala del bravo pueblo que somos -dijo con ánimo María-.

Su deseo fue tan fuerte, que se escuchó el retumbar de su voz en el pecho de su esposo, se llenó de tanto valor y ganas de trabajar que en menos de media hora vendieron todas las empanadas, se les vio correr a preparar más, la mañana apenas empezaba y tenían un motivo más fuerte que sus propias vidas, que sus propias almas por el que luchar.


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