Ahí estaba yo, al pie de un árbol, riendo y corriendo
detrás de un perro. Mi única pertenencia, un carrito de
mercado donde vendo galletas a todos los que frenan en la esquina frente al
semáforo. Todo el mundo me conoce, una que otra persona se ríe de lo que hago y
uno que otro amargado se molesta con mis ocurrencias. ¡Loco, loco, tírate un cuento! ¡Loco
tírate un paso! Suelen gritarme.
Dejo de vender un momento y
reflexiono: de tantas cosas que pasan en el mundo muertes, robos, asesinatos, ¿soy
yo el loco? ¿por qué debería estar loco? mi modo de vestir es el adecuado, me
gustan mis jeans desgastados, mis zapatos blancos están siempre relucientes,
una camisa, aunque colorinche y un poco desgastada por el uso, la llevo bien
puesta. Mi cabello está bien peinado, siempre está engominado y hasta las
marcas del paso de la peinilla se le pueden ver. Uso unas gafas tipo comando
que me hacen ver más fuerte y serio, a veces se les cae un vidrio y es motivo
de burlas por todos, pero no más. Siempre tengo conmigo unos audífonos grandes
y potentes, pues me encanta la música, disfruto bailar en la carretera, soy libre;
canto las canciones como si fuera el intérprete más famoso, en el mejor de los
escenarios.
Sí, ese soy yo, al que le gritan el loco,
es lo que me ha hecho creer, solo porque hago cosas que ellos quieren pero
no pueden. Y sí, seguro que debo estar loco, solo un loco da vueltas en círculo
y se ríe. Solo un loco intenta darle vueltas a un zapato en su mano mientras
canta. Solo un loco habla solo y utiliza ropa vieja. Solo un loco se alegra con la salida de la luna nueva. Sí, con
seguridad estoy loco.
Estoy en mi mundo, estoy loco, ¡pero
soy feliz! Mi locura me sirve para no adaptarme a la realidad. Prefiero estar
loco, que ser un cuerdo esclavizado a la monotonía del diario vivir. Hago lo
que quiero, no lo que me toca. Puedo faltar al trabajo y no pasa nada. Si la
persona que va solitario en una camioneta blanca y grande, de vidrios gruesos y
traje de corbata, falta al suyo una desgracia mundial ocurre; si quiero no me
baño y adquiero mal aspecto, a él (ella) le toca bañarse, arreglarse el pelo,
las uñas, hacerse lipoescultura, la pata de gallo, etc., y aun así le critican,
aun así, el(ella) se critica.
Con lo que genero de las galletas me
como tres comidas al día, con un perro que me acompaña, come de lo que le doy.
Sean balanceadas o no, pero son comidas; él (ella) que trabaja todos los días,
no come lo que quiere y cuando lo come, se engorda y se lo come la tarjeta de
crédito.
El día que muera, seguro mucha más
gente me recordará, a él
(ella) lo olvidarán fácil, pues no hiciste nada más que amargarse por algo que
no aprovecharon en la vida que les tocó. La locura hace parte de la vida, la locura está en
tu ser, está dentro y nadie la ve, todos somos locos, pero, tú prepotencia no
te deja ver qué mi locura es diferente a la tuya, pero al fin y al cabo es
locura.
Nota: Prohibida su copia total o parcial, documento e imagenes protegidos por derechos de autor ®.





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