La historia política de Colombia desde su independencia de los
españoles ha sido muy cambiante. En 1819 se hace presidente el Libertador Simón
Bolívar, no tenía color político que defender, él dirigía y protegía a
Colombia. Pasados los años, con la implantación de la República de la Nueva Granada
(1831 -1858), nació la defensa de los colores para los partidos políticos. Entre
la implantación de la República de la Nueva Granada, la Confederación Granadina,
que se vivió 1858 hasta 1886 y el nacimiento de los Estados Unidos de Colombia,
hubo algo así como 35 personas en el cargo de presidente.
En el año 1886 se
consolida Republica de Colombia, hasta la fecha son al menos 42 presidentes,
repartidos en 7 partidos políticos. El Partido Nacional, la Unión Republicana,
la Junta Militar encabezada por el Teniente Coronel Gustavo Rojas Pinilla y dos
partidos que han dominado el espectro político de país, Conservadores y
Liberales, éste último logra tener a 13 de sus integrantes en el primer mando
de la Republica, lo otros 16 en manos conservadoras.
Álvaro Uribe, quizás, el presidente más Neoliberal de Colombia, se encontró con este gran problema en el 2002. Él resolvió la tarea de acuerdo con los lineamientos de banco Mundial y FMI.
Entrados en los años 2000 se hacen elegir por dos partidos
diferentes, pero con orígenes Liberales, Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel
Santo. El primero implanta el modelo de reelección inmediata, y se hace al
cargo por 8 años, por medio de su partido Primero Colombia. Santos Calderón,
quién llega al cargo por el Partido de la Unidad Nacional deroga la reelección inmediata,
pero trabaja por 8 años.
Hasta finales de la década de los años 80 la economía colombiana
era dependiente de una producción agrícola e industrial en desarrollo, pero
golpeada por los cambios políticos y económicos que se vivía en la región. El narcotráfico y la violencia estaban en sus años de máxima vitalidad. Los años 90, con la
explotación de los campos petroleros Caño Limón y Cusiana, el desarrollo de la mina
del Cerrejón, le dieron paso a Colombia para ser un país carbonero y petrolero,
ahí se cambió nuestro modelo económico. Desde Belisario Betancur, pasando por Virgilio
Barco, Gaviría, Samper y Pastrana, llegamos a la crisis a fin de siglo, la década
de los años 90, se catalogó como una década perdida. El desempleo casi que
tocando 20% de la población, muchas empresas publicas quebradas y carcomidas
por la corrupción eran los inicios del siglo XXI.
Álvaro Uribe, quizás, el presidente más Neoliberal de Colombia,
se encontró con este gran problema en el 2002. Él resolvió la tarea de acuerdo
con los lineamientos de banco Mundial y FMI. Vendió muchas de las empresas públicas,
desregularizó el mercado del trabajo y pensiones, le abrió paso a la
especulación financiera, y llamó a la inversión extranjera, otorgó subsidios
para la producción minero y petrolera en el país, el resultado fue más carbón y
más petróleo made in Colombia. En términos económicos sirvió, Colombia disminuyó
el desempleo, crecimientos superiores al 7%, control de la inflación, en fin,
muchos datos económicos importantes y favorables.
Pero Uribe, al igual que Chávez en Venezuela nos hizo depender
del petróleo, de los dineros fáciles, y Santos al igual que Maduro caminó por
el mismo sendero. En el año 2009, plena crisis financiera mundial, Colombia, al
igual que muchos países latinoamericanos, se convirtió en refugio de capitales
financieros especulativos. Se llegó a exportar más de 1 millón de barriles de petróleo diarios, a un precio
de US100 en promedio. Mucho dinero entró a la economía nacional y al Estado. Catalogaron
a Colombia como “la niña bonita del mundo”. Por dos periodos de gobierno
seguidos tuvimos al mejor ministro de Economía de Latinoamérica (Zuluaga y Santamaría)
programas como la Ruta del Sol y Reficar, se financiaron con los dineros que
entraron en esta época.
Pero Uribe, al igual que Chávez en Venezuela nos hizo depender del petróleo, de los dineros fáciles, y Santos al igual que Maduro caminó por el mismo sendero.
La dicha no duró mucho, para el año 2013, ya se empezaban las economías
de Latinoamérica a ver sus crecimientos en color rojo. La recuperación económica
de Estados Unidos y Europa empezaba. Todo
el capital golondrina que llegó, se fue,
cayeron de forma sistemática Brasil, Argentina, Perú, Ecuador, Venezuela, etc.,
todos tenían algo en común, se volvieron dependientes de los mineros
energéticos. Colombia ya empezaba a tener signos de perdidas, y ya hoy llevamos
más de 4 años de plena desaceleración, dependiendo de un sector minero energético
que no sirvió para apalancar la industrialización de otros sectores y tampoco
como ahorro para la época de vacas flacas, como decía Santamaría cuando estaba
el barril de petróleo a US 100.
Todas las decisiones de los gobiernos anteriores, sobre todo en
los últimos 20 años, nos tienen directamente en la situación que estamos hoy, fueron
solo 10 años de alegrías, pero podemos alcanzar 10 años de pesares de no corregir
el rumbo ahora. Hoy, al igual que los años 90, somos el segundo país más
desigual de todo Latinoamérica. Solo nos supera Haití, el país más pobre de
todo el continente americano. Es tan grave esto, que la desigualdad es la raíz
de todos los males que padece nuestra nación, problemas de violencia,
educación, alimentación, salud, nacen a partir de la falta de oportunidades
para todos.
Hoy llegados al 2018, faltando una semana para un nuevo cambio
de presidente y con un país latinoamericano pasando una crisis por la
dependencia del petróleo. En Colombia se disputan la presidencia, la
continuidad de Uribe y Santos, Fajardo, De La Calle y un candidato,
guerrillero, comunista, CastroChavista, asesino, anticristo, y demás
calificativos y prejuicios que se han adornado alrededor del nombre Gustavo
Petro, con posibilidades reales de llegar a la presidencia.
En ambos casos la gente ha esperado por más de dos horas de pie, sin que repartan agua, comida, sin artistas de gran renombre, la presencia del candidato
De todo lo que han dicho de Petro, lo cierto es que Petro ha representado
una alternativa diferente a las decisiones políticas y económicas que nos
trajeron hasta donde estamos hoy. Es el único que propone desligarnos de la
explotación petrolera y minero energético, algo que ha caído muy bien dentro de
la ciudadanía colombiana. Es el único candidato que ha llenado todas las plazas donde llegó, y cerró su campaña
con un lleno total en la plaza de Bolívar en Bogotá. Lo hizo con más de 60 mil
personas que estuvieron de principio a fin.
El escritor de esta nota, después de haber asistido a dos
eventos organizados por la Colombia Humana, el uno bajó un sol candente en
Villavicencio y el otro bajo la brisa fría de la capital. Vio como en ambos
casos la gente ha esperado por más de dos horas de pie, sin que repartan agua,
comida, sin artistas de gran renombre, la presencia del candidato. Además de Petro,
ninguno ha llenado tantas plazas públicas. La gente es quien de su bolsillo
saca dinero para contribuir al otro, para las pancartas, para el transporte,
para el agua, etc. Se les ve a las personas con un entusiasmo y un amor propio
que arrancar el más escondido sentimiento de un ser insensible.
No sabemos si Gustavo Petro pueda cumplir todo lo que dice;
tampoco sabemos si lo que advierten sus adversarios sea verdad, pero por lo
menos ofrece otra forma de ver el pedazo de mundo en que vivimos. De ser
presidente y que cumpla con la promesa de tierras, cuidado al medio ambiente,
educación pública, el impulso a las
líneas férreas como eje de transporte en tierra y deje las bases cimentadas
para un cambio de modelo económico no dependiente del carbón un petróleo, es
más que suficiente.
En definitiva, algo muy malo han hecho en la derecha o algo muy
bueno está haciendo Petro, para que tenga a todo hablando y escribiendo sobre
él.





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