"Son tantas las estrellas en el firmamento, que se debe pensar bien cual regalar. Debe ser solo una, una bella, del tamaño que quieras, pero que sea llena de fuerzas y colores. Que no tenga adornos, que sea simple, que no parezca otra cosa, sino una estrella". El Autor.
Quiero encontrar un pequeño punto brillante en esta noche
oscura -pensó Luis- mientras conducía a buscar a su amada, iba más pendiente
al cielo que a la carretera.
Me encantan las noches oscuras -dijo- sin energía eléctrica,
sin luna y sin las luces de autos, es algo emocionante. Aunque parezcan aburridas y
negras, en estas noches se pueden vivir los momentos más brillantes.
Detuvo su carro frente la casa blanca de dos pisos. Una
mujer delgada de hermosa figura, vestida de jeans azules y blusa blanca que dejaba ver su ombligo
subió al carro. Tenía los ojos saltones y brillantes por verlo. Cabellos rizados y puesto
el perfume que le gustaba a él.
Puso en marcha el motor, con dirección desconocida. No
habiendo pasado 200 metros, se oscurecieron las calles, en un abrir y cerrar de
ojos ¡se fue la luz! se escuchó gritar. ¡Justo la noche que quería! -pensó-. Detuvo el auto, le dio
un beso, con el que parecía celebrar el momento. Al abrir los ojos, las calles
estaban nuevamente iluminadas.
Tus besos iluminan nuestro andar -le susurro al
odio- no sin antes reprochar el retorno de la energía.
A donde vamos -preguntó ella-.
No sé -respondió de inmediato Luis- a donde tú quieras.
Tenemos combustible para ir donde te plazca.
Vamos para el río -contestó ella con humor, esperando un no
como respuesta-
¡Vamos! -a Luis no le molestó la idea-
Pero la vía es muy oscura y es muy tarde -dijo ella-
Nada malo va a pasar, compremos una botella de vino ¡te
invito a buscar las estrellas! -dijo Luis-.
Desviaron su camino. Anduvieron buscando botellas de vino
por todo el pueblo, no encontraron. El último lugar donde podían encontrar algo
antes de iniciar el viaje, era una vía dañada, donde estaban cambiando las tuberías
del agua.
Como pudo, Luis ingresó el carro en frente de una casa con
techo de palma y con cajas de cervezas a doquier, habían afuera y adentro, llenas
y vacías. Lo único que ahí se vendía era cervezas, era eso o nada. No
tuvieron más elección, compraron y siguieron a la carretera.
El camino era oscuro, pero entre mas se acercaban a su
destino, mas estrellas aparecían. Empezaron a contar una a una, 4, 10, 58, 102, 150, etc.,
perdieron rápidamente la cuenta. El cielo se adornó de estrellas de todos los
tamaños y colores. Bajaron los vidrios del carro, el ambiente que se respiraba
era solo campo. La brisa les alborotó los cabellos y perfumo el carro de pasión.
La primera parada, el parque principal de Chorrera.
Solitario y oscuro, bajaron del carro, habían unas lámparas viejas que dejaban
ver el camino por donde seguir. Las casas del frente del parque estaban
oscuras, una que otra dejaba ver el capullo de los bombillos que tienen afuera.
Se sentaron en las bancas del centro, al lado del jardín de juegos, en frente
de ellos se divisaba lo que era una montaña, que tapaba el resto de estrellas. En
la cima de la montaña una estrella grande, con los colores del arcoíris.
Las personas que viven aquí de seguro no se han dado cuenta de esa estrella, esa que está en la punta de la montaña –dijo Luis- de seguro
sale todas las noches y ha salido siempre en ese mismo puesto a esta hora. De no ser por la modernidad las noches serían diferentes.
Cada beso es una estrella, cada estrella es un poema, cada
estrella es un momento de recuerdo, que solo tú sabes si existe –dijo ella-. Son
tantos besos y tantas historias que se han vivido en el mundo, que hacen
innumerables todas las estrellas que existen y han existido en el universo.
Pero bueno ¿Y no íbamos para el río? -preguntó ella-.
¿Es enserio? ¿No era una broma? -dijo Luis- eso pensé.
¡Vamos! fue su respuesta.
Se
subieron al carro !para el río es que vamos! -afirmo ella-.
De la carretera a la entrada del río hay muchas luces en el
camino, pero es solo su transitar.
¿Dónde nos detenemos? Esto está muy oscuro –preguntó él-
Ahí, en frente de esa finca, el señor que cuida es amigo de
mi papá -dijo ella con seguridad- pero ve y habla tú.
Con el permiso del señor que cuidaba la finca, ingresaron al
río. El agua estaba helada, al igual que las cervezas, pero el calor de sus cuerpos lo
calmo frío del ambiente.
Desde que te besé, veo siempre las mismas estrellas -dijo Luis- pareciera que, en todos los momentos a tu lado esas mismas nos miraran y
guardaran todos nuestros recuerdos. Desde que conozco tu cuerpo, veo una
siempre igual de grande. -Esa estrella seguro debe ser de agua, por mucho que corre
el río, su brillo no se pierde. Parece tener magia, parece tener amor, parece iluminar el momento que vivimos -dijo-.
Miraron un momento en el agua el brillo de las estrellas, unas más
grandes que otras, unas más brillantes que otras, todas iguales de bellas. Ella detuvo
su mirada en esa estrella grande que vio desde su llegada. Era de las mismas que Luis hablaba, plateada o dorada, rojiza o violeta, un color que no tenía
definición.
Te la regalo -dijo ella- aunque tú me invitaste a buscar estrellas y la encontré, esa será la muestra eterna de mi amor. El color de esa estrella se llamará colores del amor, será siempre intensa y será tuya de por vida, será siempre mi invitación para que nunca dejes de ver las estrellas.





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